La opinión femenina

Termina el partido. Se corta automáticamente la ronda de mates. Nadie dice nada. Los bizcochitos que nos acompañaron durante los 90 minutos, se convirtieron en una pelota en el estómago. ¿Quién carajo me mandó a ser una enferma de Huracán? Miro una mirada cómplice: no la encuentro. El aire se corta con un simple suspiro. Mis amigos y yo somos una lágrima. De repente, Mía, la hija de mi amiga, que tiene menos de 2 años, requiere atención. Grita un poco, nos llama, y nadie puede mirarla. Nadie quiere jugar. Nadie quiere decir nada. Nadie quiere hacer un chiste. Me paro, le doy un beso a Mía –quemera desde la panza de mamá-, y salgo por la puerta con el alma por el suelo, mientras pienso “esta nena ya dice ‘Acán’, la condenamos para siempre”.

Huracán volvió a perder. No, pará, tengo que cambiar el speech. Huracán fue pisoteado por el peor del torneo, ese que no ganaba hacía 19 fechas. Ahí queda más drástico. ¿No será mucho? No, es la realidad. La horrible realidad. Huracán apareció los primeros 3, 4 minutos del primer tiempo; y el gol tempranero, nos aniquiló y sellamos el final anunciado. Huracán caminó la cancha mientras el rival jugó como si fuera una final, aún sin tener nada. No quiero meterme en el discurso de siempre, cuando explota todo en el club, de la camarilla (aunque sostengo que la hubo en este plantel), pero esta vez la soberbia les jugó una mala pasada. A ellos, los jugadores, y en definitiva, a Huracán y a todos nosotros, que somos los que estamos siempre. Leeme atentamente, Quemero, y que no te vendan ningún buzón: los dueños del club somos nosotros. Ni Nadur y compañía, ni Apuzzo y compañía, ni mucho menos Domínguez y compañía. Los verdaderos “leones” de este club, somos nosotros, vos, yo y un montón más que pagamos la cuota mes a mes; que vamos a la cancha aunque llueva, truene o haya una gripe porcina; los que, cuando perdemos, nos arruina toda la semana; los que damos todo, sin pedir nada; y los que no queremos más lacras ni dinosaurios en el club.

El final del partido, con Ábila en el punto penal tirándola hasta Japón –Higuaín style-, fue el reflejo de lo que sobra en el plantel: soberbia. ¿Quiénes se creen que son? En fin… Se fue Apuzzo, recién, hace unos minutos. ¿Y ahora? Bueno, ahora, es momento de arremangarse los pantalones y salir a caminar en el barro. Dejar de estar sentadito en el gran sillón, escuchando opiniones de gente inoperante, inútil y mala leche. Dejar de meter manotazo de ahogado. Esta historia yo ya la viví, Nadur, cuando a vos no te conocía nadie. “El enemigo peor, ese gran saboteador, siempre será uno mismo y ese miedo a estar mejor”. Es momento de volverse capitán del barco, elegir un DT capaz (que sea el verdadero DT) y empezar a mover las fichas. El nuevo técnico tiene que estar cuanto antes a disposición del club, y que tenga huevos para borrar al que no merezca vestir esta hermosa camiseta. Entiendan esto: YA NO HAY MÁS MARGEN DE ERROR.

Quiero desaparecer de la faz de la Tierra por un rato. Pero me acuerdo que Huracán me necesita, que el fin de semana que viene, tengo que estar ahí, en mi lugar en la Bonavena. Pero, hoy termina el día. Huracán me lo arruinó, como siempre que juega. Más allá de la enorme tristeza que llevo conmigo, pienso que en el fondo, a Mía, no la condenamos para siempre. Desde la panza de su mamá sabe lo que es el amor verdadero. El que no te abandona. El amor más puro, pero enfermo, que existe: el amor por el Globo y por estos colores. Somo’ así, estamo’ enfermos de verdad!!

 

Victoria Stenvers.

@VicoHuracan

 


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