Las tijeras de Wanchope.

Apelo brevemente a mi memoria: Hernán Barcos, Mariano Toedli, Juan Manuel Sara, Rolando Zárate, el “Búfalo” Medina, Alberto Yaqué, Mariano Martínez, Mauro Villegas, Carlos Casartelli, Sebastían Cobelli, Federico Laurito, Pablo Islas, Juan José Arraya, Gustavo Balvorín, Daniel Vega, Cristian Milla, Leandro Diaz, Iván Borghello…

En los últimos años Huracán tuvo participaciones poco felices en los mercados de pases en casi todas las posiciones. Los jugadores profesionales que venían (y aún vienen) a reforzar nuestro plantel año tras año, en la inmensa mayoría, no reunían los pergaminos suficientes para vestir una camiseta tan importante dentro del fútbol argentino.

Más allá de alguna apuesta o un tapado, en el particular caso de los delanteros goleadores, El Globo viene sufriendo, desde Jorge Cruz Cruz a esta parte, el curioso síndrome de la pólvora mojada del 9 de Huracán: Muchos jugadores que fichan por nuestro Club, vienen con una valija llena de goles cosechados en otros equipos y en otras ligas, pero cuando se visten de blanco y rojo (o de verde, o camuflados) el instinto goleador se les aplaca. Muchas veces pasan sin pena ni gloria por Parque Patricios y emigran a otros continentes y a otras instituciones donde vuelven a romper redes.

También, en varias ocasiones, nos hemos nutrido de delanteros  que, por el nombre y un pasado lleno de gritos de gol, venían a culminar sus carreras en Huracán pero no hacían valer esos grandes contratos a la hora de definir partidos.

Curioso es el caso de Ramón Wanchope Ábila que llegó a Huracán proveniente de Instituto, en enero de 2014, cuando los cordobeses eran un rival directo por el regreso a primera y el Globo era comandado por Frank Darío Kudelka.

El gasto de 2.5 Millones de pesos por el 75% de la ficha del ex jugador de Sarmiento y Morón fue tomado con escepticismo por un público quemero acostumbradísimo a los refuerzos de poca jerarquía, sobre todo en cuanto a los goleadores se refiere.

Desde su arribo al Globo el delantero nacido en Córdoba hace 25 años generó amores y odios. Sus picantes declaraciones, sus constantes coqueteos con la posición adelantada, su particular estado físico y su capacidad goleadora no lo dejan pasar desapercibido cada vez que rueda la pelota en el Palacio Ducó.

En menos de dos años el delantero que lleva el apodo del mítico goleador de la Selección de Costa Rica rompió la barrera de los 30 goles, cosechó 2 hat-tricks y anotó goles importantísimos:

En semifinales de Copa Argentina, Huracán le ganó 2-0 a Rafaela con el segundo gol de Ábila que sentenciaba el asunto. (Ya le había marcado a Boca Jrs. por esta competencia en la que fue goleador)

En la vuelta a Primera, el Globo tuvo que desempatar con Atlético Tucumán y Wanchope marcó el 3-1 que le daba tranquilidad al pueblo Quemero.

Por Copa Libertadores, en el partido de ida por la primera fase de la Copa, Huracán le ganó 4-0 a Alianza Lima en Perú y Ramón marcó su gol abriendo el camino en la red.

Ya en la máxima categoría del fútbol argentino el Globo recibió en Parque Patricios a Argentinos, y Ábila participó en los cuatro goles de su equipo. Marcó tres y provocó el restante, que terminó siendo en contra.

Cuando el sueño de la Libertadores parecía tener un final más feliz que el que tuvo, dos golazos de Wanchope le dieron a Huracán el triunfo por 3-1 ante Cruzeiro, en uno de los partidos que seguramente será de los más recordados por toda una generación.

En el día de ayer en el empate sin goles frente a Vélez, Ábila intentó el recurso de la tijera en varias oportunidades, como queriendo vengarse del travesaño que le impidió convertir esa obra de arte frente a San Lorenzo en el último clásico ganado por el Globo.

Si bien escuchamos el “¡Wanchope! ¡Wanchope!” bajar desde la Bonavena, una vez finalizado en encuentro las opiniones encontradas entre quemeros se multiplicaron por las redes sociales y los ecos de las discusiones todavía resuenan.

¿Ábila abusa de este recurso -con el que ya consiguió varios goles- o es una característica de su juego y está plenamente justificado?

Creo que hay argumentos suficientes como para dar por válida la actuación de Ramón Ábila y sus recursos pintorescos, y afirmar, como la inmensa mayoría de los quemeros, que siempre vamos a querer un Wanchope en nuestro equipo.

A los detractores les pido que vuelvan a leer los nombres y apellidos que dan comienzo a esta editorial…

 


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