Dios tiene sus métodos (Julián Brennan)

 

El doctor Yañez se acercó por el pasillo con cara de preocupación y una planilla en sus manos. Había sido una semana muy difícil para la familia Gómez.

-Bueno, la verdad es que… y siento mucho decir esto, a Miguelito le queda una semana de vida con mucha suerte.

Grisel, la mamá de Miguelito, rompió en llanto y enseguida se desmayó. El abuelo José llegó a tiempo para que no se rompiera la cabeza contra el suelo. Fabián, el papá de Miguelito, se dio vuelta, dándole la espalda al doctor para ocultar sus lágrimas y maldijo el suelo bajo sus pies

-¿Y ya no se puede hacer nada doctor?- preguntó José.

-No. Es un tumor muy grande y muy avanzado. Es inoperable. Se buscó la mejor ayuda profesional y no tuvimos respuestas positivas. El diagnóstico fue tardío y por eso el tumor avanzó demasiado. Lo siento mucho.

El doctor abrazo a Fabián que le dio las gracias por su esfuerzo y se retiró por el pasillo blanco del hospital. Ese pasillo nunca había estado mas luminoso, como si anticipará lo que vendría dentro de poco.

Grisel ya estaba recuperada pero no podía parar de llorar, Miguel era su único hijo y ella una madre devota. Fabián siempre decía que había tenido suerte de haberse casado con una mujer así, siempre preocupada por los demás, el supo desde el primer momento en que la conoció que sería una madre de hierro, por eso lo mataba interiormente el no poder ayudar a que su hijo se curase.

Ya habían recurrido a todo, pero como había dicho el doctor, ya era muy tarde. Se había hecho de noche y el abuelo José tenía que volver a su casa. Grisel dijo que se iba a quedar ahí y le pidió a Fabián que lo llevase a su casa, el aceptó y se despidió con un tierno beso en la boca de Grisel que le apoyo su mano en la mejilla volviendo a llorar.

Yendo en el auto el silencio era absoluto, ni José ni Fabián decían nada, la congoja los atragantaba y las palabras se quedaban a mitad de camino corriendo el riesgo de convertirse en lágrimas y sollozos inentendibles. Cuando llegaron a la casa de José, Fabián se bajó y abrió la puerta del acompañante para dejarlo salir al abuelo que con furia busco sus llaves. Desde adentro se escuchó un grito de rabia.

-NOOOOOOOO ¿POR QUE ME HACES ESTO A MI DIOS? ¿QUÉ TE HICE PARA MERECER ESTO? TE QUERES LLEVAR A MI ÚNICO NIETO HIJO DE PUTA, SADICO DE MIERDA ¿POR QUÉ? LLÉVAME A MI SI TENES TANTOS HUEVOS, CAGÓN.

Fabián escuchó todo y subió al auto para volver al hospital. Tuvo que frenar en una esquina antes de llegar porque no pudo aguantar el llanto. Fabián era un tipo muy simple, su vida no había sido la más difícil de todas, obviamente y como toda la gente, había tenido sus problemas, pero nada como esto, sus padres habían muerto hace varios años, pero de viejitos y con unas pocas semanas de separación. Cuando se logró recuperar estacionó el auto en el garaje del hospital y fue hasta la habitación de Miguelito, el cuarto número 73.

Miguel estaba despierto y hablaba con su mamá que le acariciaba la cabeza mientras lloraba muy despacio.

-Gri, anda a dormir que ya es tarde, yo me quedo acá un rato más.

Grisel se levantó y se fue al pasillo. Se sentó en los asientos largos de la sala de espera.

-¿Y Migue, como te sentís?

-Cansado- respondió Miguel con la cara blanca.

-Bueno , dormite que ya es tarde, soñá con Messi, con Masche y con Pastore, no te olvides del Javi eh.

Miguel se rió y cerró sus ojos para dormir. Fabián se lo quedó mirando mientras que una gota se asomaba por su mejilla.

Grisel vio salir a su esposo y le preguntó cómo había sido el viaje.

-Un desastre, cuando entró a la casa empezó a gritarle a la nada, pobre, lo entiendo igual, es su único nieto y se siente mal, encima vive solo y no tiene con quien hablar.

Fabián se sentó con Grisel que apoyo la cabeza en su hombro. Así se quedaron un rato, mirando a la pared. Cuando ya eran cerca de la una de la mañana Fabián vio que su mujer se había quedado dormida hacía rato. La acostó y la tapó con unas sábanas que habían traído de su casa. Le dio un beso en la mejilla y comenzó a pasear por el hospital.

Paso por varias salas saludando a los doctores que estaban de guardia y charlando con las enfermeras. Fue a comprar algo al kiosco pero estaba cerrado. Volviendo para la habitación 73 paso por al lado de la capilla del hospital y se sentó un rato ahí.

La capilla era muy chica y las paredes estaban algo sucias, el celeste de la pintura estaba cada vez más oscura. El Cristo era de un tamaño considerable pero parecía estar más triste que de costumbre, como si los estigmas le doliesen más por el sólo hecho de estar ahí. Fabián, mirándolo, sintió la necesidad de rezar.

-Dios, yo sé que no soy de los que te piden muy seguido y que no voy a misa ni nada de eso, pero bueno, vos sabes que es por el laburo y esas cosas, no es que no crea en vos ni nada de eso, yo sé que debes creer que te rezo ahora que Miguel está mal, pero te lo tengo que pedir, cura a mi hijo, ya no sé que hacer, te lo pido a vos que me debes estar escuchando- decía Fabián mientras lloraba en silencio

-Emmm supongo que podría hacer algo- dijo un hombre sentado junto a Fabián

Fabián salto del asiento pegando un grito.

-¿Qué haces flaco? ¿Cómo me vas asustar así, no ves que estoy rezando? – dijo Fabián con la respiración agitada.

El hombre se rió.

-Discúlpame, no era mi intención asustarte, pasa que te estaba escuchando y veo que te puedo ayudar. Yo soy Dios.

-¿Te escapaste de psiquiatría hermano? Volvé para allá que te deben estar buscando.

-Fabián, soy Dios, créeme ¿Grisel ya se durmió no? Hacerme acordar que hable con José que me dijo un par de cosas feas- dijo Dios sonriéndole.

Fabián se quedó duro, no entendía como conocía esos nombres.

-Decime ya quién sos flaco, porque te cago a trompadas.

-Ya te dije, soy Dios y vos sos Fabián, vivís en Flores, tenés 40 años y no te gusta el chimichurri.

Fabián seguía atónito, no le sacaba la vista de encima. No podía ser él, Dios no era así. Quién decía ser Dios parecía un hombre común y corriente. Tenía una gran cantidad de pelo en forma de rulos, muy parecidos a los que usaba Maradona cuando era joven y tenía un pequeño mostacho. Estaba vestido como para el verano: remera blanca, un pantalón corto color rojo, ojotas y medias larga, aun siendo invierno
Dios vio como lo veía Fabián y dijo:

-Sí , ya sé, no soy como en La Biblia, supongo que en el imaginario popular tengo una forma más santa ¿no? La verdad es que soy así y me visto así porque me gusta estar cómodo, ando por todos lados todo el tiempo, más vale estar cómodo. ¿Sabes lo que sería tener la barba larga y una túnica blanca en verano? Además, ya probé con la toga esa y me tropiezo todo el tiempo.

Fabián se sentó de nuevo y se acercó. Todavía no terminaba dé creerle.

-No, no puede ser, me debo estar volviendo loco, la angustia me está comiendo la cabeza o es un sueño, eso, es un sueño, estas cosas no pasan en la realidad- dijo Fabián mientras se pellizcaba.

Dios se lo quedo mirando con un risita que se le escapaba por la comisura de los labios. Fabián lo miró y respiro profundo.

-Ok, para, digamos que sos Él y digamos que sabes las cosas que sólo yo puedo saber de mi. ¿Cómo compruebo que sos Dios? Tranquilamente podrías ser un loco de mierda que averiguó, de alguna forma, estas cosas sobre mi.

-Preguntá lo que quieras, pero no me vengas con esa boludez del sentido de la vida y todo eso.

-Ok, listo, ya tengo mi pregunta ¿quién fue mi primera novia?

-Fácil, Milagros, la gordita del barrio, a vos te gustaba un montón pero no te le animabas y cuando le diste el primer beso te desmayaste de los nervios.

Fabián se quedó petrificado.

-Ok, te tengo que creer, eso jamás se lo dije a nadie, lo sabe ella sola, ni mi mujer sabe eso. Si sos Dios, te tengo que hacer una pregunta más, no puedo desaprovechar este momento ¿el de la mano fuiste vos?

-Hubo muchas manos en mi vida ¿a cuál te referís?

-Dale, vos sabes de que te hablo, LA MANO DE Él, la que hizo que todos gritemos, si te doy más detalles es muy fácil.

-¿La de Diego? Ah sí sí, ese fui yo, ojo, el hizo todo el esfuerzo para que no pareciera, en realidad el no la tocó, solo salto e hizo la mímica. Lo habíamos charlado antes.

-¿Vos me estás diciendo que a los ingleses le ganamos sin la mano? ¿el Diego nunca toco la pelota? Entonces seguro vos eras el que tiraba muñecos en el otro gol.

-No, ahí no tuve nada que ver, puede que haya tirado el pase previo, pero nada mas, en lo demás fue todo de el.

-Ok ok ¿Y el de los palos en el 90? ¿También estuviste ahí?

-Sí, ese fue un partido muy difícil, Lucifer no quería saber nada con que ustedes estuviesen en la final.

-Igual, veo que termino ganando, como en el 2002, 2006, 2010 y el de hace poquito tam…

-Si si, ya entendí, tengo un mal promedio con ustedes, el de abajo también juega y bastante bien te tengo que decir- dijo Dios con algo de enojo.

Fabián no lo podía creer, estaba en frente de Dios y no era su imaginación, pero de repente la cara de Fabián se transformó.

-¿Y en el 2009? ¿Dónde estabas para nosotros? En el 2007 también tiraste la bomba de humo ¿Por qué siempre nos haces eso? A todos los demás los vivís ayudando y a nosotros nos dejas de garpe siempre, vivimos en Pampa y la vía con vos ahí arriba.

-Sé a que te referís, sé que sos de Huracán y eso me lleva al tema de tu hijo y tu pedido por el.

-¿Qué tiene que ver Huracán con todo esto?

-Te voy a hacer una pregunta ¿Alguna vez te enfermaste mucho, estando a punto de morir? ¿A alguien de tu familia le pasó algo así?

-No, la verdad que no, siempre se murieron de viejos y muy sanos, hasta Miguelito que…

Fabián abrió los ojos como dos lámparas, había comprendido todo. Se puso a llorar, sentía que todo era su culpa.

-Exacto Fabián, ser de Huracán te da inmunidad en la salud- dijo Dios palmeándolo en la espalda.

-Claro, yo a Miguel siempre le dije que le di la libertad de elegir de que club quisiese ser, no quería que sufra lo que yo sufro desde que nací y el todavía no me dijo nunca nada, se que le encanta el fútbol y yo siempre le tiro una chicana sobre Huracán, pero nunca me dijo nada, pero las ganas de que sea quemero siempre están, escondidas, pero están – dijo Fabián entre sollozos.

-Fabián, solo te puedo dar una solución. Tenes que dejar que haga de Huracán a Miguel, va a sufrir como pocos y las alegrías van a ser mínimas , pero las victorias siempre van a ser más dulces.

Fabián dejo de mirar a Dios y cerró los ojos mirando al frente. Respiró profundamente y dijo:

-Hacelo.

Dios se levantó y comenzó a caminar el pasillo de la capilla.

-Para, una pregunta más ¿de qué equipo sos?

-De todos y de ninguno. Excepto Independiente, ellos eligieron estar del lado del otro- dijo Dios entre risas.

Fabián se quedó sentado y termino quedándose dormido en la capilla. A la mañana siguiente se despertó algo sobresaltado y miró a todos lados buscando a Dios, pero no estaba.

-Me imaginé , fue todo un sueño, soy un pelotudo.

Fabián se levantó y encaró para la habitación. A Miguel le quedaban 6 días de vida y el los quería hacer valer. El camino de vuelta fue eterno, Fabián sentía sus pies moverse pero todo su alrededor iba en cámara lenta.

Cuando dobló en la esquina que daba a la sala de su hijo, Grisel lo agarró por atrás y le estampo un beso en la boca mientras lo agarraba de los cachetes, dejándoselos todos rojos.

-Miguel se curó, el doctor dice que el tumor desapareció, es un auténtico milagro.

Fabian abrazo a su mujer y la beso como nunca. Miró hacia arriba y agarró a Grisel de la mano llevándola corriendo hasta la habitación de su hijo.

Ella entró primero y salió antes de poner los dos pies en la habitación.

-Dice que quiere hablar con vos primero-dijo su mujer mientras llamaba a José para contarle la noticia.

Fabián entro y Miguel le sonrió de oreja a oreja.

-Pa, tengo algo muy importante para contarte.

Fabián lo miró a los ojos y le hizo una seña para que comenzase..

-Soy de Huracán, tuve un sueño donde un señor con muchos rulos , ojotas y medias me decía que tenía que hacerme de Huracán, que era lo mejor del mundo ser de Huracán, pero que tenía que estar convencido ¿Qué es estar convencido pa?

-Quiere decir que tenés que creer en lo que decís.

-Ah, entonces sí, estoy convencido de que soy de Huracán. Lo siento adentro mío. Ahora me podes llevar a la cancha, ya no vas a ir solo.

Fabián comenzó a llorar y lleno de besos a su hijo. Le prometió que irían al primer partido que fuese en el estadio de Huracán y que lo iba a hacer socio y que le iba a comprar la camiseta con su nombre y así miles de promesas. Miguel le sonrió y le pidió que llamase a su mamá.

Fabián salió de la habitación y se encontró con el doctor Yáñez.

-Bueno, veo que ya te enteraste, es una cosa increíble, el tumor desapareció por completo, no sé que fue lo que lo curó.

Fabián abrazo al médico y le dijo:

-Huracán, a Miguelito lo salvó Huracán doctor.

 

 

*Julián Brennan @Chichobrennan es periodista y productor de PatriaQuemera Radio.

 

 


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