Huracán es de Primera. ¿Se festeja o se reflexiona?

Néstor Pitana anuncia el final. El empate entre Huracán y Belgrano de Córdoba es una realidad. El punto que era necesario para asegurar la permanencia del Globo en la máxima categoría del fútbol argentino ya está anotado en la tabla de posiciones, condenando a Nueva Chicago a acompañar a Crucero del Norte a la B Nacional tras el empate de Temperley.

Los cordobeses se habían puesto en ventaja tras un desborde del hábil Rigoni que dejó pagando a Balbi y encontró, lejos de la marca de Echeverría, a Zelarrayán que definió con certeza.

El cielo se oscurecía sobre el Palacio Ducó y las malas noticias llegaban desde Mataderos. Chicago ganaba desde temprano y Quilmes se quedaba con un hombre menos. Huracán, que no encontraba respuestas en la cancha, estaba entrando en un repechaje contra el envalentonado Torito para disputar la permanencia.

Pasados los 40 minutos del primer tiempo, tras una múltiple combinación entre San Román y Toranzo, el lateral metió un centro al área y Claudio Pérez, tras un desafortunado despeje, convirtió en su propio arco el empate que desató el alivio.

La transitoria igualdad de Quilmes acompañó la sensación de “cosa juzgada” y el segundo tiempo se vivió solamente en las tribunas con el pueblo quemero que, en gran número pese al día y la hora, acompañó bajo una lluvia helada y torrencial.

El grito de desahogo llegó y el festejo de los jugadores abrazados en ronda, como cuando se gana un clásico o un partido definitorio, ponía fin a esa guerra que se significa pelear el descenso. Por algo Huracán se visitó de camuflado.

Tras la descarga emotiva, en la salida de la gente que desagotaba el Ducó por las calles de Parque Patricios, se mezclaban los sentimientos. La alegría inobjetable de  haber zafado de esa pesadilla llamada descenso, la ilusión de estar cerca de una final internacional por primera vez en la historia, y ese reflexivo mal humor que genera tener que llegar con el agua al cuello a la última fecha de un torneo insólito de muchos equipos y pocos descensos.

Más allá del objetivo inmediato que es la Copa Sudamericana, que todos queremos levantar, Huracán no puede darse el lujo de volver a repetir los errores de los últimos torneos. El buen equipo que tiene Domínguez choca con un plantel corto que no encuentra sustitutos a la gran columna vertebral que conforman Nervo Vismara Toranzo y Ábila.

La Comisión Directiva debe empezar a trabajar en la renovación de los contratos de quienes serán tenidos en cuenta para el 2016, en los refuerzos que deben ser de calidad para afrontar las múltiples competencias que tendremos por delante y la promoción de los juveniles que, en algunos casos, brillaron en La Quemita y piden pista. Levantada la convocatoria de acreedores, es el momento ideal para que Huracán emprenda el camino de un proyecto a largo plazo, que tenga como objetivo salir campeón en primera división.

Terminó un campeonato en el que Huracán ganó solamente 6 partidos y nunca pudo hacerlo de visitante. Si aspiramos a dar ese salto de calidad, hay cosas que se deben revisar.

No se pueden repetir los contratos de jugadores que no juegan o las contrataciones que no refuerzan el plantel y ocupan lugar en un vestuario, que no tiene, en algunos casos, dos jugadores para pelear un puesto.

Huracán es de primera, como corresponde. Nos empapamos de felicidad en el Ducó, y una vez más, le demostramos a los monopolios que hablan del deporte que somos mucho más grandes que lo que ellos transmiten. Huracán es de primera, pero… La permanencia ¿Se festeja o se reflexiona?

 


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