Huracán ganó hace rato

Finalizaron los 180 minutos reglamentarios y los 30 minutos del alargue, pero Huracán e Independiente Santa Fe de Bogotá no se sacaron ventajas ni en el resultado ni en el juego, aunque desde Parque Patricios todavía se lamentaron la oportunidad de Ramón Ábila desperdició tras la salida en falso de Zapata y los cafeteros harán lo mismo por el travesaño de Seijas en el Ducó.

En una serie tan pareja y con dos equipos que claramente agotaron todos sus recursos y sus energías durante el transcurso del mismo, suena hasta irrisorio que algo tan azaroso como una definición desde el punto del penal, puede definir a un ganador de algo tan movilizante como una copa Sudamericana (el segundo torneo más importante del continente), pero aun así la justicia no existe en el fútbol, ya que solo puede haber un ganador y justamente el fútbol no es el mejor ejemplo de justicia en el deporte, por las distintas variantes de merecimiento que posee el juego.

Así fue que a poco más de un año de aquella histórica final en San Juan que cambió la historia de Huracán, y Marcos Díaz por supuesto, para siempre, el conjunto de Parque de los Patricios se encontraba ante una nueva final y ante una nuevo posibilidad de hacer historia desde los 12 pasos. El primero fue Mauro Bogado, encargado habitual de los penales y la carta más efectiva desde esa posición, pero la ejecución fue trunca, Zapata prácticamente se le tiró a los pies y terminó deteniendo el primer remate Quemero, algo que luego será un vaticinio de como continuaría la serie, ya que sólo Federico Mancinelli convirtió para el Globo y Santa Fe logró el primer título internacional de su historia.

Pese a la derrota y la desazón por perder aquello que parecía tan cercano, el orgullo fue el sentimiento más poderoso que siento que dejó la final en Bogotá, ya que como alguna vez inmortalizó en un papel Alejandro Dolina “si el olvido nos espera tratemos de no merecerlo” y ayer Huracán no mereció en ningún momento quedar en el olvido, como no lo vienen mereciendo desde aquel bendito 26 de noviembre del 2014, cuando se cortaron 41 años de sequía y angustian y se cambiaron por la euforia del ya pertenecer a la elite de los campeones.

Desde aquella sagrada e inmortalizada fecha en la retina de todos los Quemeros con aquella tapada de Marcos Díaz a Hernán Encina, Huracán logró dos título (Copa Argentina y Supercopa) jugará por primera vez en su historia dos ediciones seguidas de la Copa Libertadores, llegó a la final de la Copa Sudamericana y terminó invicto en aquel certamen, ascendió a la máxima categoría del fútbol argentina, apabulló a Cruzeiro en el Ducó, terminó invicto frente al que hasta hace algunas horas era el campeón vigente de la Copa Libertadores, Copa Sudamericana y la Supercopa Sudamericana y derrotó con autoridad en el clásico a San Lorenzo jugado en el Ducó.

Todo eso aglomerado en una sola generación de jugadores, en un solo plantel y en prácticamente un solo año, para un club que hasta hace 400 días todavía tenía que recordar las gambetas de René Houseman para saborear la sensación de un campeonato. Todo eso da la sensación de que Huracán ya ganó, hace rato que ganó y que Huracán esta en ese grupo de privilegiados que cada fin de semana sale a la cancha representada por 11 glorias, por 11 históricos que defienden la camiseta cada fin de semana, que forman parte del plantel actual y que ese calificativo no solamente le cabe a algún que otro exjugador que se sienta en la platea ante la atenta mirada de algún nostálgico que todavía recuerda con amor sus épocas de gloria. No señor, eso no. Hoy Huracán sale representado por Eduardo Domínguez (hoy como entrenador) Marcos Díaz, Federico Mancinelli, Martín Nervo, Carlos Arano, Federico Vismara, Mauro Bogado, Cristian Espinoza, Patricio Toranzo, Ramón Ábila y Daniel Montenegro y todos son presente y eso sí que no se da todos los días.

 


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