La opinión femenina

Llego a casa con el corazón en la garganta, que no baja ni con mucho esfuerzo. Ya no me queda ni una lágrima por derramar. No sé si es tristeza, orgullo, bronca, o un poco de todo. No tuve tiempo de analizarlo aún. Quería volver a escribirles así, como soy, verborrágica. Sólo quiero decirles, que tengo la frente muy en alto. Triste, sí. Pero con la frente allá arriba.

Estoy, honestamente, destruida. Tengo el corazón todo roto, y no tengo fuerzas para intentar armarlo de nuevo. Por un momento, para serles sincera, me confié –mala mía-. No suelo hacerlo. Confié en este plantel que puso los huevos cuando los tenía que poner, que se unió cuando más lo necesitábamos, y que nos salvó del descenso. Huracán es una mezcla de sensaciones constante, me autoproclamo panqueque quemera. Porque yo no daba dos mangos por este equipo, me enojé mucho cuando asumió Dominguez, me enojé mucho por cómo se fue Apuzzo, me enojé siempre con Wanchope en off side, me enojé con Toranzo cuando jugaba mal, me enojé mucho cuando se acercaba el final del campeonato y no sabíamos si nos quedábamos en Primera o no. Pero hoy, permitime decirte, que todo ese enojo es historia. Que el fútbol es así. Que no hay mucho que pensar. El fútbol se vive, y se siente. No tiene explicación. Hoy, no puedo más que agrandar el pecho cuando sale Vismara o Mancinelli en la tele a hablar del club de mis amores. Hoy, no tengo más palabras que no sean para que Nadur haga lo imposible por dejar a muchos de este plantel. Hoy, quiero decirte a vos, Quemero, todos queríamos traer la Copa… Qué lindo hubiese sido. La suerte del principiante nos falló. Primera vez en Copa Sudamericana, y llegamos a la final. Nadie nos pasó por encima. Fuimos el mejor argentino de Sudamérica. Es cierto, hoy no nos alcanza, pero tampoco es poca cosa. Hoy queda el sabor amargo de no tener una Copa más para brindar en Año nuevo. Con el tiempo, seguramente, nos acordaremos de la burrada de Wanchope de dejarnos con un hombre menos faltando nada para que termine el partido. Con el tiempo, nos acordaremos que el arquero de ellos se adelantaba para atajar los penales. Y con el tiempo, Dios mediante, deseo acostumbrarme a estas finales, a estas competencias, a estas instancias. Deseo, con todo mi corazón, que aprovechemos este puntapié para afianzarnos en Primera y nunca en la puta vida volver a pensar en otras categorías nefastas, y deseo seguir jugando, siempre, Copas Internacionales. Con el tiempo, Quemero, seguramente tengamos muchas para brindar. Pero hay que acostumbrarse a esto. Institucional y futbolísticamente. Este es el momento para no dormirse.

Hoy, queda el trago difícil de pasar, que es la derrota en penales. Nada me parece más injusto que una derrota por penales: si es triunfo, todo algarabía… Pero la derrota, duele más, porque los penales no demuestran nada. Estos tipos se bancaron 125 minutos, dejando el alma y el corazón en el partido. Haber llegado a una final internacional, no alcanza. Habernos ido invictos, tampoco alcanza. Dame tiempo a que se me estabilice el corazón y pueda analizarlo de otra manera. Hoy, es un poco de tristeza, un poco de orgullo, y un poco de todo. Como siempre con Huracán. Que este adiós en la Copa Sudamericana no sea definitivo, que sea un hasta luego. De todos nosotros depende. Nosotros hacemos grandes a este club.

Solamente, después de este año tan intenso a nivel futbolístico, quiero agradecer a mis amigos con los que comparto cada fin de semana para ver al Globo. A la hermosa familia que me regaló Huracán a través de los años. A todos y a cada uno de los Quemeros que alentaron desde Colombia por quienes no pudimos estar. Y sobre todo, a mi mamá, que es la que siempre pero siempre, desde que nací, me bancó y se unió a esta locura. Gracias Vieja por dejarme ser Quemera.

 

¡¡ESTE SÍNDROME INCURABLE DE QUERERTE TANTO!!

Victoria Stenvers

@VicoHuracan

 


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