La opinión femenina

No me preguntes cómo, pero san Lorenzo nos ganaba uno a cero. No sé si valieron más las ayudas de Rapallini, las jugadas que armaba Ortigoza solito y solo en el medio, o que nosotros veníamos de un bajón anímico importante, con accidente incluido. Le poníamos, como podíamos, el pecho a la situación y salíamos a jugar el clásico. Los clásicos son así: “Estos partidos no se pierden. Se mete y se siente”. Ese día, no importa cómo llega cada equipo. Si uno es mejor o peor que otro. Si uno tiene mejores jugadores o si el otro no llega a completar el equipo titular. No importa nada, el clásico es un partido aparte. Y nosotros bien sabíamos que nos faltaban algunos pilares del equipo: Había que dejar la vida en cada jugada.

Y San Lorenzo nos ganaba uno a cero. Yo ya tenía el corazón roto. Sabía que después del accidente, un triunfo contra los primos iba a ser el envión anímico que estábamos esperando, nosotros, los jugadores, el cuerpo técnico y todo el mundo Huracán. SI hasta en la platea estaban Mendoza y Toranzo con las patas enyesadas!! Pero San Lorenzo, con un gol de Belluschi nos ganaba uno a cero. LA MADRE QUE LO RE MIL PARIÓ. Logré abstraerme un poco, y justo en el momento en que el gol cuervo enmudeció de bronca al Palacio, miré a mi alrededor. Y ahí estaban: una pareja de aproximadamente 80 años abrazados. Un grupito de 4 nenes de no más de 10 años, que siempre se ubican debajo mío y que me dan ganas de abrazarlos muy fuerte con la emoción que alientan a su equipo. Una chica con un bebé todo vestidido de Huracán que tendría menos de un año. Y pensé… Cómo no van a hacerlo por nosotros? Que dejamos la vida en la tribuna, partido a partido? Llueva, truene, o haga un calor infernal. Todos esos que te nombré siempre están, como estás vos, como estoy yo. Entonces, se me ocurrió mirar al cielo. Creeme Quemero, con esto yo no puedo mentirte, te lo juro por mi vida, había UNA sola estrella en todo el cielo. Tenía que ser una señal. “Abuelo, si estás ahí, tratá de que llegue el empate”. No me preguntes cómo. No sé si quiero saberlo. No sé si me escuchó mi abuelo, desde mi lugar favorito de la tierra hasta el cielo, y me mandó este regalito para que sea feliz un rato. No quiero encontrarle una lógica a todo esto. Con mirar a mis amigos, mis fieles compañeros de cancha, y fundirnos en un abrazo muy pero muy profundo me alcanzó para que se nos humedezcan los ojos y ser felices por un rato. El Palacio explotó. Explotó en serio. Era todo felicidad. Empatar un clásico en la última jugada es impresionante. Se siente como ganarlo. Y quién no quiere ganarle a San Lorenzo, y más así!!

Huracán es esto. Es revivir en el último minuto. Una gran amiga del mundo Huracán, mi querida tía Pato, me dijo “Huracán no cree en milagros… LOS HACE”. No puedo decirte si es cierto. Pero puedo decirte que nos pusieron batallas que las estamos peleando solos, contra todos. Huracán es la familia. Es tu lugar en la cancha. Es festejar el empate en el último minuto, abrazando a no sé quién y no me importa. Acá tiramos todos para el mismo lado. Ni en las buenas ni en las malas, SIEMPRE.

 

LA RAZÓN CUANDO ME FALTAN RAZONES!! (xxHxx)

Victoria Stenvers

@VicoHuracan

 


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