Ramon, quedate un rato mas

Desde la razón de la causas perdidas…


RAMÓN, QUEDATE UN RATO MÁS

Desde hace tiempo que estoy en deuda con el autor de la popular columna “La opinión del hincha” que se publica en esta prestigiosa página.
El jueves, después del 2º gol de Wanchope contra el Cristal supe que cumpliría mi promesa.
Carlos Biondi, un hermano de la vida con el que une una relación de más de 40 años, me pedía desde hace tiempo que garabateara unas líneas para Patria Quemera y aquí estoy intentándolo.

Me agarré de la cabeza y como un poseído empecé a gritar: “Animal, sos un Animal… Wanchope sos una bestiaaaa”. No me salió el viejo grito sagrado del gol, ese que llena la boca y humedece la vista en un orgasmo colectivo. En este caso el gutural alarido era para él, que con la pisada magistral y el menottiano pase a la red, me sustrajo de toda racionalidad y me hizo dudar de su humanidad, tal vez elevándolo a la categoría de los dioses mitológicos.
El 9, ya había servido el aperitivo en el primer gol quemero. Una deliciosa pincelada a la pelota, para que flotada, pase sobre el arquero del elenco peruano.
En el segundo tiempo, nos ofreció el postre con una asistencia magnífica, para que Gamarrita ponga el 3-2 transitorio.
Noche perfecta para el cordobés, que encontró en Huracán el lugar del despegue para un vuelo que sólo él sabrá hasta donde pueda llegar.
Desde la nebulosa del recuerdo me viene la figura de Edemil Araquem de Melo. De allí, en adelante vi algunos centrodelanteros notables abrigados por la casaca del Globo:
La contundencia de Raúl Iglesias, la elegancia de Gastón Casas y el oportunismo del colombiano Cruz.
La velocidad jerarquizada con la experiencia de Roque Avallay, la potencia de José Luis Saldaño o el extraordinario 94 del “Guapo” Rodolfo Flores.
Todos importantes en su tiempo, todos fundamentales en los equipos que integraban.
También fui testigo de algunos centroforwards “mentirosos”, tirados atrás por característica. Fueron aquellos que jugaban de 9 y 1/2 como los fantásticos Osvaldo Ardiles y Miguel Brindisi, turnándose en esa función en el inolvidable equipo del Gitano Juárez. Tampoco fueron  9 de área Tony Mohamed o el Negro Herrero, extraordinarios jugadores desempeñándose en equipos que jugaban sin referencia clara en los últimos 18 metros de terreno, por sólo citar algunos ejemplos.

Por razones estrictamente cronológicas me perdí a Stábile, Masantonio y todos los que transcurrieron hasta más o menos 1968. Mi viejo dice que Masa fue extraordinario y le creo… con sólo repasar los números del grandote de Ensenada, no hay nada que discutir, pero…
¿Será Ramón, el mejor centrodelantero de la era moderna, que haya vestido la camiseta de Huracán?
Preguntarse esto es audaz y presenta el perjuicio de la subjetividad, pero a la vez representa el desafío – y el orgullo – de ser contemporáneos de un fenómeno muy particular.
En la noche del martes sentí que con el querido “Wancho” en cancha, todo es posible. Que con el coprotagonismo de San Marcos (¿El mejor arquero de la historia de Huracán?) respaldando la titánica tarea del admirador de La Mona, se puede soñar aún cuando se hace casi todo mal, cuando aparece la fatiga y el dolor, cuando el oxígeno llega al cerebro en cuentagotas.
Cuando todo parece perdido, aparece Ramón Darío Ábila. Tal vez el más importante de los 9 quemeros de Masantonio a esta parte.
Ramón, flamante Dios de la arrabalera mitología del barrio de las ranas…
Cordobés decidor del pícaro cuento con final feliz…
Animal de área, todavía no te vayas…
Ramón, quedate un rato más.

 

 

 

N. de la R. Gustavo Quinteiro fue conductor del exitoso programa “Globo de mi Vida” y fue “La Voz del Estadio” en el Palacio Duco.

 


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