Orgullo y tristeza (Atlético Nacional 4 - 2 Huracán)

Final de la Copa Libertadores. Huracán cayó 4-2 en Colombia frente a Atlético Nacional y con el 0-0 en el partido de ida en el Ducó se quedó afuera en octavos de final.

Final agridulce, porqué tiene un componente angustioso y por otro lado un componente de orgullo. Final, ya acostumbrado en lo que es la historia de Huracán, atravesado por un arbitraje polémico – para no decir bochornoso – que decantó el resultado del partido con decisiones sumamente localistas y vergonzosas. Pido disculpas a la profesión que llevo, pero hoy, se me hace imposible escribir imparcialmente, lo que pasó con Huracán es aberrante, un robo.

El análisis del partido, lo he hecho en el párrafo que acaba de leer, no hubo ni habrá análisis para un partido donde Huracán jugaba de igual a igual contra el mejor equipo de la Copa Libertadores. Y tuvieron que meterle la mano en la lata, le sancionaron un penal inexistente y encima le echaron por doble amarilla (una menos entendible que la otra) a uno de los referentes del equipo como lo es Federico Mancinelli. Dentro del pésimo arbitraje arbitraje, quedará para la eternidad la imagen de un plantel que cayó de pie, con personalidad, que demostró estar a la altura aunque que se encontró en desventaja en el trámite del partido pero sin embargo siempre intentó, sacó la cara y estuvo bordeando la zona de la hazaña en varios instantes del encuentro. En la historia, también quedará la obra de arte de Ramón Àbila que puso en suspenso la llave con su gol para el 3-2 y dejar al “Globo” a un solo tanto de la clasificación. Pero sobre todo, más allá del resultado, del arbitraje, del golazo de tijera de Ábila, lo que va a quedar marcado a fuego y que ya es un tatuaje en la memoria del hincha, es este momento de Huracán. Este momento que está conformado por este plantel y cuerpo técnico (Eduardo Domínguez y Néstor Apuzzo) que más allá de gustos futbolísticos, este equipo representa a cada hincha del “Globo” como hacia décadas no lo hacia otro y eso es lo que va a prosperar en el inconciente colectivo de todo el mundo quemero.

Vuelvo a pedir disculpas a la profesión de periodista que trato de llevar acabo cada crónica y a los lectores que les gustaría que ahonde más en el análisis, pero este partido no resiste análisis, solo se puede decir GRACIAS. Y mañana, masticando bronca, pensar en Boca y las ultimas fechas del torneo local para sumar lo más que se pueda e intentar meterse por al ventana en otra Copa Libertadores. Duele, pero el fútbol da revancha, y volveremos a soñar. Por eso, como en cada final de nota:

¡HASTA LA VICTORIA SIEMPRE!

 


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