Ricardo Casas: “Nunca intentaron sobornarme"

A continuación compartimos la entrevista realizada por Marcelo Benini al ex Juez de Línea Ricardo Casas, publicada en la última edición del Periodico EL BARRIO 

Las declaraciones del ex réferi Gabriel Brazenas, formuladas el mes pasado a este periódico, reavivaron la polémica por la definición del Torneo Clausura 2009. Tras deslindar responsabilidades en quien fuera árbitro asistente en el Mundial de Sudáfrica 2010, decidimos recurrir también a su testimonio. El debate y la sospecha continúan.Si para el réferi Gabriel Brazenas la final del Torneo Clausura 2009 significó el ocaso de su carrera arbitral, para el asistente Ricardo Casas lejos estuvo de ser una bisagra negativa. Ambos cometieron graves errores: Brazenas convalidó un gol de Vélez viciado de nulidad y Casas anuló uno legítimo de Huracán por un inexistente offside.

Mientras sobre Brazenas recayó la condena del periodismo y de los hinchas, a Casas le llovieron las distinciones: participó a los pocos meses del Mundial Sub-20 de Egipto y fue uno de los dos jueces de línea elegidos para integrar junto a Héctor Baldassi la terna argentina de árbitros en el Mundial de Sudáfrica 2010. Se retiraría de la actividad tres años más tarde, cuando le ofrecieron ser instructor de asistentes de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Desde abril de 2014 cumple esa misma función en la FIFA y es el único representante sudamericano que ostenta ese cargo. A partir del Torneo Transición 2016 sumó una nueva y delicada tarea: la designación de los jueces de línea.

“Si el línea me levanta mal la bandera, ¿querés que lo mate? Era un línea mundialista el que me pusieron”, se defendió Brazenas en la extensa entrevista que le hicimos el mes pasado y que tuvo una enorme repercusión en los medios masivos. Su queja apuntaba a Ricardo Casas. Este comentario, más el pedido de muchos lectores sorprendidos, motivó que buscáramos el testimonio del ex árbitro asistente. Tras varias semanas de gestiones, concretamos un encuentro en un bar de la calle Viamonte. Sí, en la esquina de la AFA.

 

-El arbitraje argentino está atravesando una etapa conflictiva. ¿Coincidís?

-Si dijera que no hay conflictos en el arbitraje sería un loco. En el año 90 transmitían lo partidos con cinco cámaras, hoy hay 30. El árbitro no tiene toda esa tecnología. Antes no se veían los errores, hoy al segundo los tenés en Internet.

 

-¿Creés que es necesario aplicar la tecnología? Es un tema que está en discusión en la actualidad.

-La tecnología te puede salvar o hundir. Para ciertas cosas serviría, no para todas.

 

Casas, quien fue asistente en cuatro partidos del Mundial de Sudáfrica 2010, dice que usaría las cámaras para determinar si la pelota traspasó la línea de gol, pero la objeta en los casos de penales u off-sides dudosos. “Esas son decisiones arbitrales”, se excusa. En la entrevista del mes pasado, Gabriel Brazenas también había rechazado la intromisión del video ref. “A mí dejame al fútbol como está”, dijo el ex árbitro. Lo curioso es que el fútbol tal como está se presta a la sospecha.

 

-¿No le daría más transparencia al juego el uso de la tecnología?

-¿Cuando un jugador erra un gol vos decís que es deshonesto? ¿Por qué cuando un árbitro se equivoca sí lo es? A nadie le gusta comprar el diario el lunes y que te castiguen por un error. Eso lo paga tu familia también. A medida que la gente te va conociendo, te entiende. Cuanto más desapercibido pase el árbitro, mejor.

 

-¿Hay árbitros corruptos?

-Como en todo trabajo, hay tipos buenos y malos. En el periodismo, en la policía, en el gobierno…

 

-¿Cómo sigue la vida de un árbitro como Diego Ceballos, que quedó marcado por su mala actuación en la final de la Copa Argentina entre Boca y Rosario Central?

-Es muy difícil. Quedó como el malo de la película y salir de esa situación es muy doloroso, porque además está involucrada su familia. Ahora volvió a dirigir en el Nacional B, hay que ir llevándolo de a poco y darle confianza. Era un pibe que estaba en proyección y le sacaron el cargo de árbitro internacional.

 

-Tu partido más polémico fue el Vélez-Huracán del Clausura 2009, que le costó la carrera al ex árbitro Gabriel Brazenas. ¿Qué recordás de aquella tarde?

-El recuerdo que tengo es horrible. Uno nunca se quiere equivocar. Con respecto al partido, siempre dije que fue un error arbitral y no otra cosa. En mi caso, tuve el error del fuera de juego. Nadie quiere castigar a ningún equipo por un fallo.

 

-En la jugada del gol de Vélez, ¿no podías haberle indicado a Brazenas si hubo infracción de Larrivey a Monzón, el arquero de Huracán?

-No, no podía intervenir en un fallo que era del árbitro. Y no fue por una cuestión de lavarme las manos. Yo respeté la decisión de Brazenas.

 

-¿En ese momento consideraste que fue infracción?

-Eso es algo personal mío (sic).

 

-Brazenas deslinda parte de la responsabilidad en vos…

-Mi función era asistir al árbitro en lo que necesitara. Si me hubiese buscado, yo le podría haber dado la misma información que tenía o le podría haber dicho que era foul. Pero eso es un supuesto, porque no me necesitó.

 

-¿Entonces no es tan determinante el rol de un juez de línea?

-Su función es colaborar con lo que el árbitro no ve, pero el asistente no manda. Si el árbitro marca penal, ¿yo le voy a decir que no fue? Puedo estar convencido, pero él también lo puede estar. Distinto es que el árbitro tenga una duda y se apoye en el línea. Una vez que dictaminó y confirmó la jugada, listo.

 

Coartada discutible

Es refutable la explicación del ex juez de línea Ricardo Casas sobre su facultad de intervenir en la famosa jugada que definió el Torneo Clausura 2009 a favor de Vélez. Aquel grave error, además de acabar con la ilusión de todos los hinchas de Huracán, terminaría destrozando la carrera de Gabriel Brazenas, quien un año más tarde sería formalmente desafectado como árbitro por la AFA.

La Regla 6 del Reglamento de Juego, que se refiere a los deberes y responsabilidades de los jueces de línea, lo explica claramente en el apartado dedicado a las faltas: “El árbitro asistente deberá levantar su banderín cuando se cometa una falta o una incorrección en sus inmediaciones o fuera del campo visual del árbitro”. Más adelante, el texto indica lo siguiente cuando se la infracción se produzca dentro del área penal y fuera de la visión del árbitro: “Si el árbitro no ha tomado ninguna medida, el asistente deberá levantar su banderín y emplear la señal electrónica acústica…”. También dice el reglamento que, para consultas sobre decisiones disciplinarias, “el contacto visual y una señal discreta con la mano entre el árbitro asistente y el árbitro serán suficientes en algunos casos”.

En la polémica jugada de aquella final de campeonato entre Vélez y Huracán, donde Joaquín Larrivey se arroja imprudentemente con sus piernas hacia delante y golpea al arquero Gastón Monzón, las imágenes son elocuentes. Al partir el pelotazo hacia el área de Huracán, el árbitro Brazenas -quien le reconoció a El Barrio tener severas dificultades físicas y que se equivocó al volver a dirigir tras una operación en 2008- se encontraba a no menos de 30 metros del lugar donde se produciría la falta. Muy lejos del área chica y obstaculizado para apreciar lo que allí ocurría. En cambio, el asistente Casas acompañaba la línea del penúltimo defensor y tuvo una perspectiva mucho más favorable. De hecho, su esquiva respuesta permite suponer que vio la falta y la calló. Las razones sólo las conoce él.

 

-¿Tenés algún mensaje para darle a los hinchas de Huracán por tu actuación en aquella final?

-Como experiencia, no se la deseo a nadie porque es triste. No puedo pensar como hincha porque sería ilógico, pero sí los entiendo.

 

-¿Te trajo problemas ese partido?

-Sí, por supuesto. Sufrí amenazas en mi casa, a mi familia, tuve que hacer un montón de modificaciones en mi vida. Con el tiempo pude hablar con hinchas de Huracán y, en el mano a mano, entendieron mi trabajo. Es parte del juego. También me acuerdo de haber convalidado alguna vez un gol que lo favoreció a Huracán y no por eso pasé a ser un ladrón. No es que me equivoqué sólo una vez en mi carrera; me equivoqué un montón de veces. Lo que pasas es que esa fue más trascendente porque era una final. Ahora, ¿alguien decía algo si ganaba Huracán?

 

-¿Cómo describirías a Julio Humberto Grondona?

-Como dirigente, fue el más grande. Y eso lo presencié cuando fuimos a los Juegos Olímpicos de Beijing, en 2008. Estaba todo el comité de dirigentes de la FIFA en nuestro mismo hotel. Joseph Blatter vio que nosotros éramos argentinos y se nos acercó a hablar. Nos miró y nos dijo sobre Grondona: “Este hombre que está acá me enseñó todo y me hizo ganar las elecciones”. La gente se sacaba más fotos con Grondona que con Blatter, porque lo conocía todo el mundo. Los dirigentes aprendían el castellano para poder hablar con Grondona, porque él no sabía hablar en inglés. Argentina le debe mucho a Julio. La gente, para hablar mal, siempre encuentra algo. Argentina es lo que es gracias a Grondona. Hay que sacarse el sombrero por lo que nos dio como dirigente, por lo que fuimos y por lo que somos. Si no hubiese estado él, no sé si Argentina sería la potencia futbolística que es.

 

Buenos muchachos

Nos sorprende -aunque no tanto- este elogio desmedido de Ricardo Casas a Julio Grondona en tiempos del escándalo de corrupción conocido como FIFA-gate, que provocó la caída en desgracia de Joseph Blatter y de varios dirigentes argentinos que respondían directamente a quien fuera presidente de la AFA durante 35 años, entre ellos José Luis Meiszner y Eduardo Deluca. El informe de la Justicia de Estados Unidos menciona a Grondona como “Co-Conspirador #1”, sin dar su nombre, aunque detalla que se trata de alguien que “tuvo un alto rango en AFA, FIFA y Conmebol” y “fue presidente de AFA desde 1979 hasta su muerte en 2014”. Quizá seamos prejuiciosos por haber visto demasiadas películas de Martin Scorsese, ¿pero no es el FIFA-Gate la prueba de que la organización mundial y local del fútbol tiene un perfil mafioso?

 

-¿Tuviste relación con Grondona?

-No era de sentarme a charlar con él. Decirte que conmigo hablaba todos los días sería mentira. En Beijing tuvimos una linda charla, estaba su mujer también. Era un tipo de barrio. Yo lo veía desde un costado paternal, era como mi viejo. Era un tipo que si te podía ayudar, te daba una mano. Tenía valores.

 

-¿Quedó un vacío en AFA luego de su fallecimiento?

-Sí, y muy grande. Yo estaba en el predio de AFA cuando falleció y dije: “Esto es algo que no vamos a poder recuperar nunca más”.

 

-¿La crisis que hoy vive AFA es producto de su muerte?

-Sí, estando Julio esto no pasaba. Él tenía la capacidad de solucionar los problemas.

 

-¿No creés que era necesaria una apertura democrática en la AFA?

-Siempre son buenos los cambios. Era evidente que sin Julio iba a pasar esto. Él decidía sólo y en función de lo que necesitabas. La gente que le pedía algo, se iba con una respuesta. Eso es muy valorable. ¿Se necesita democracia? Sí. Ahora, las veces que se han presentado candidatos en contra de Julio no figuraban. Ni listas se armaban. Lo pudieron haber sacado, pero evidentemente él hacía algo que a la gente la conformaba.

 

-¿Cómo es la relación de los árbitros con los dirigentes?

-Si su club gana está todo bien y si pierde, todo mal. Es difícil conformarlos, pero es parte del juego. Estamos en una Argentina en la que se desconfía de todo y eso es muy complicado porque, en definitiva, el fútbol es por plata. Esto es un juego, sí, pero no termina siéndolo porque hay plata en el medio.

 

-Por último, ¿alguna vez intentaron sobornarte?

-No, nunca (breve silencio, mira hacia la calle, baja la vista). No sé si por mi carácter o por mi forma de ser. Nunca nadie se me acercó a ofrecerme nada.

 

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