“Cuando matemos a un referí van a dejar de robarnos”

No es la primera vez que nos quejamos de los fallos un árbitro, ni tampoco la primera que nos quejamos de Federico Beligoy ni tampoco va a ser la última.

Históricamente Huracán fue perjudicado por los réferis, Daniel “Sargento” Giménez contra San Martín de San Juan, Gabriel Brazenas frente a Vélez, Gustavo Esquivel y el offside en el desempate con Independiente, José Argote en la derrota y eliminación de la Copa Libertadores ante Atlético Nacional. Estos son los más emblemáticos, pero hay más, muchos más. Tal vez no todos sean igual de importantes o determinantes, sin embargo pasan y siguen pasando. Y no sólo al Globo, este fin de semana otra vez Beligoy nos volvió a condenar, pero también Germán Delfino castigó a San Lorenzo frente a Tigre.

Hace unos meses, Alejandro Nadur post clásico en el Bajo Flores, declaró que “no tengan duda que hay gente más importante que el árbitro de turno para esto. Hay gente que tiene mucha influencia en otros ámbitos y consigue estos efectos no deseados que son estos arbitrajes no deseados”. Al ser consultado acerca de que si se refería a Marcelo Tinelli contestó que “bueno, exactamente, por supuesto… hay poderes especiales… Si me dice esa persona, puede ser, hay poderes especiales”. Por lo tanto, el actual tesorero de la A.F.A mencionó su deseo de construir una comisión de árbitros donde se siga el desempeño de los mismos.

Planteado el tema y mirando la historia del fútbol en general, tanto local como internacional, ¿Cómo se soluciona esto? ¿Les falta disciplina a los árbitros? ¿O tenemos que disciplinar a los jugadores y sus reiteradas actuaciones? ¿Los dirigentes quedan aislados? ¿Y los hinchas? ¿La tecnología va a terminar con los “errores u horrores”? ¿Qué va a pasar con las picardías del fútbol? ¿Qué va a pasar con el fútbol cuando ingrese definitivamente el video arbitraje (VAR)? ¿Hay que traer técnicos de otras ligas?

Argentina nunca fue una gran sembradora de excelsos árbitros, siempre estuvo la sombra del soborno, del arreglo, de la avivada del más grande o más rápido. También se suele adjudicar un club a cada colegiado para justificar su modo de impartir justicia. Así está el caso del reconocido hincha de River y ex árbitro Pablo Lunati, hoy panelista en un programa de TV.

Los árbitros que cometieron faltas groseras y reiteradas, suelen retirarse o al menos desaparecer por un tiempo para no sufrir las agresiones que vienen en el después. Sin embargo, hay muchos de los que están activamente que viven cometiendo errores y algunos bastante groseros. Dos grandes representantes de lo que no se debe hacer como referí, son Beligoy y Delfino. Ambos, incidieron en partidos “claves” y con equivocaciones burdas pero ninguno fue sancionado o al menos alertado de manera justa.

¿Qué pasa si nos ponemos de la vereda “policía” y empezamos a mirar más con ojos críticos al jugador y no como un Dios?

Hay un caso muy recordado en el fútbol inglés, los protagonistas fueron Robbie Fowler y David Seaman, en un partido entre el Liverpool y el Arsenal en el año 1997. Fowler, goleador del “Red” se iba solo contra el área rival donde lo esperaba el arquero Seaman. Este lo encaró dentro del área, se tiró a un costado y Robbie cayó. El árbitro pitó penal. Fowler se levantó e instantáneamente lo miró al árbitro y le dijo que no, de manera efusiva. El goleador, no solo estaba pidiendo que no lo expulse a Seaman y sino que tampoco sancione penal. Al juez poco lo importó el ruego de Fowler y prosiguió con la ejecución del penal. Robbie le pidió perdón a su colega y se puso en situación de patear pero Seaman, lo atajó dando el rebote y un compañero del Liverpool la metió.

A nadie se le ocurre pensar en corregir a los jugadores, en depender de la honestidad de ellos, porque si así sería, los errores arbitrales podrían reducirse muchísimo. Pero claramente no podemos ni imaginar que esto pase en el fútbol, y menos en el argentino. Lo del inglés fue un agujerito de nobleza, sumamente irreal y utópico para nosotros y para que esto sea cotidiano deberíamos volver a nacer.

Si no pensamos en corregir a los jugadores, porque no empezar con los “jefes” de los jugadores… Los dirigentes de los clubes, técnicos y allegados al cuerpo técnico suelen cometer faltas que atentan contra el “fútbol champagne”. Hay técnicos como Caruso Lombardi, los mellizos Barros Schelotto o el Chacho Coudet, que se la pasan hablando y cuestionando cada decisión arbitral, le respiran en la nuca a los jueces de línea. Pero cuando los echan de la cancha, hacen un espamento bárbaro, como si fuesen carmelitas descalzas. Esas actitudes, hacen que al referí se le complique un partido, hace que los hinchas se ceben y puteen más, los escupan, les tiren objetos entre otras cosas.

Hace ya unos años, el cuestionadísimo “Sargento” Giménez, dio una nota a TyC Sports dónde hablaba de esto mismo, de las compras de árbitros, de las situaciones que ellos viven con los aprietes, o las agresiones de los hinchas. En la entrevista, reconoce que Juan Carlos Rebollo, “no actuaba como tenía que actuar; siempre se equivocaba a favor de uno”. Mencionó sus dos actuaciones más criticadas (San Martín- Huracán y Gimnasia-Boca) y en una de ellas, Gimnasia y Esgrima de la Plata vs. Boca Juniors, recuerda que, después de haber amonestado seis jugadores del Lobo en el primer tiempo, Juan José Muñóz, en aquel momento presidente de Gimnasia, se había acercado al vestuario a recriminarle sus decisiones y también la hinchada. “Yo puedo entender que un hincha me venga a recriminar, pero no un dirigente”.

Un dirigente no puede comportarse como un hincha, ni tampoco como un jugador. Los cambios tienen que ser verticales y los castigos también. Si las cúpulas de los clubes no se comportan como tales, ¿Qué se le puede pedir a un hincha?

Los árbitros también “sufren” sus errores y los pagan, no monetariamente hablando. Esto no pasa solo en la primera división de Argentina, pasa en todas y en todo el mundo. Hace un tiempo leí una nota, no recuerdo en donde, a distintos árbitros españoles de distintas categorías. Todos ellos coincidían en que no había partido en el que no se hayan ido insultados, agredidos tanto por los jugadores como por los hinchas.

Hete aquí un punto que me llamó poderosamente la atención, ya tenemos naturalizado el hecho de que el árbitro es un “hijo de puta”, “ladrón” y que nos va a “cagar” en algún momento. Entonces ellos también lo tienen naturalizado, que ya ni se enganchan y reciben los agravios como si fuesen saludos.

Definitivamente es un problema de educación y de “formación de hinchas”, está permitido y es casi obligatorio insultar al referí. Si no cobra lo que quiero, puedo yo hacer lo que quiero. Si un violento sabe cuál es el auto de Delfino, por ejemplo, va y se lo rompe todo. Entonces ya desde el vamos, el juez tiene que tener ciertas precauciones para salvaguardar su existencia. ¿Están razonándolo conmigo? ¡No es para nada sano!

Y acá llega la parte que más me entusiasma, que más me gusta y más curiosidad me da: la tecnología, el VAR.

Si a lo que apuntamos es a la búsqueda de la justicia podemos decir que encontramos la solución. El VAR, termina con la injusticia, termina con las avivadas y fundamentalmente le pone punto final a las polémicas. Así también llega para ponerle fin a los que engañan a los referís: los delanteros que se tiran de cabeza en el área para ganar un penal, los volantes que cuando reciben una patadita del 5, parece que les pegaron un tiro…

Este sistema no es un invento nuevo, en tenis y en rugby se usa y funciona natural y positivamente.

Como toda nueva implementación conlleva pro y contras. Las contras que fui encontrando son pesadas, casi tan pesadas como los pro. Hay que ponerlos en la balanza y ver que pesa más.

Una de las cosas con las que el VAR atenta es con el dinamismo, la velocidad y correlatividad de los hechos en el fútbol, ya que para ver las jugadas “polémicas” hay que parar el juego. Esto rompe el ritmo y también “enfría” a los jugadores y su juego,, pero garantiza justicia, ¿Eso no es lo que buscamos? Con el VAR, no existiría la ‘Mano de Dios’ por ejemplo. En definitiva, muchas cosas. A su vez, como decía antes termina con el engaño y la picardía dejaría de existir.

¿Acaso eso también no es fútbol?

 


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