La opiniòn del hincha

Esta nota está dedicada a aquellos Quemeros que como yo, son un poco digamos… prejuiciosos.  Es que a veces, debido a los tiempos que corren, uno se pone un poco más conservador y más cuando se refiere a la familia.

El Campo de Deportes de Huracán siempre estuvo ahí y en todos estos años reconozco haber ido muy pocas veces, comparado con el Duco y la Sede Social.  También admito que acepté que mi hijo pasara sus veranos en la colonia, supervisado por profesores que continuamente lo monitoreaban.  Pero nunca tuve una relación estrecha con el predio por esas cosas de la vida.  Siempre lo defendí, traté de ayudar en lo que fuera posible comprando bonos, rifas y promocionando todo lo que allí pasaba pero hasta ahí llegaba.

Viendo publicaciones de Quemeros en Facebook y en twitter empecé a “mirarlo” de otra manera. Y las publicaciones de Prensa Huracán mas las fotos que aparecían desde todos lados, tomé envión y me la jugué, agarré el bolso dispuesto a ir a la pileta…

Siempre cuento que cuando mi madre a los pocos años de haber nacido me hizo socio de Huracán “porque el nene tenía que hacer deporte” jamás imaginó que su decisión cambiaría mi vida para siempre.  Y algo así me ocurrió cuando apenas ingresé al predio.
La sensación, desde el vamos, es que está todo bien.  A medida que uno va recorriendo las instalaciones, la cosa sigue estando bien. Pasa el tiempo, uno mira, escucha, siente y todo sigue… bien.  Promedia el día y uno ya se adaptó al lugar y está pasando un muy buen momento, hasta que empiezan las sorpresas. Malas? Ni ahí! Una profesora da una clase de gimnasia en al agua, en otro sector comienzan a pasar música (que acompaña, no molesta, espectacular) la gente se ríe, disfruta, familias enteras se las ve felices y el “está todo bien” pasa, sin escalas, a un estado que defino de la siguiente manera:

Siempre que voy a un lugar donde me sorprendo por lo cuidado que está y la belleza que tiene, me pregunto: ¿Por qué Huracán no tendrá un lugar así?

Llega la noche y se prenden las luces. La pileta y el predio siguen llenos.  Nadie se quiere ir.  Las familias, parejas, adolescentes y solos y solas abren sus heladeritas y sacan el último especial de jamón y queso y compran la cervecita en el bar.  Dispuestos a que la jornada no termine mas, porque realmente está todo joya.
Quemero, si no te animabas por esas cosas a conocer el lugar, tomá en cuenta esta nota.  Te va a partir la cabeza, pero para bien.
Mis felicitaciones a quienes lo manejan. Unos amigos me los “marcaron” y siempre están ahí haciendo cosas y cuidando todo.
Si, aunque no lo creas, es Huracán!

Abrazo Quemero!

Carlos Biondi.

 


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