90 años, la misma pasión: Don Roberto Quinteiro.

Roberto Quinteiro nació en Pompeya el 9 de febrero de 1928.
El 5 de noviembre de 1956 se hizo socio y un par de años más tarde, adquirió su abono a la Platea Alcorta: Sector G Fila 8 asiento 49. Ubicación que aún hoy, casi 60 años después, aún conserva.
Lo vio todo… o casi todo.
A Masantonio, cuando Alcorta y Luna era de madera.
Vio construir la Sede Social de la calle Caseros, donde en uno de aquellos grandes bailes, le pidió a Noemí – entre cortes y quebradas – que unieran sus vidas.
Vio crecer los cimientos de ese gran Palacio de cemento y mármol, donde años más tarde llevó a sus hijos y nietos de la mano, para inculcarles el amor por el Globo.
Vio a ese bañado en la calle Mariano Acosta, convertirse en el Predio Jorge Newbery.
Vio la historia de Huracán, pasar por delante de sus ojos, pero nunca se conformó con mirar.
A comienzos de los 70, junto a soñadores de la talla de Rogelio Di Cuio, Julio Morresi, Saverio y Rolo Colonese, Raúl Scrivo y tantos otros, forjaron las bases del fútbol infantil o – como se decía en aquel entonces –  las divisiones preparatorias.
De aquellos tiempos conserva el privilegio de que algunos chicos que triunfaron en el fútbol grande como Mariano Juan, El “Trapito” Vega o Gabriel Rinaldi digan: “Quinteiro fue mi primer técnico”.
Más tarde siguió colaborando en el Fútbol Amateur, donde fue delegado de aquella formidable 7ma. Campeona con Teté Quiroz y Antonio Mohamed, como figuras emblemáticas.
Incansable colaborador y dirigente de la Mutual de Veteranos, Encargado ad honorem en las primeras temporadas del natatorio de La Quemita y  más tarde como miembro de la CD de Huracán, Presidente del Predio Jorge Newbery.
Hoy, con 90 juveniles años, se lo ve siempre presente.
En la Quemita, viendo a las inferiores o tomando sol en la pileta.
En Urquiza, descubriendo habilidosos en el Baby, después de sus habituales caminatas por el Parque Patricios.
O trepando, sin esfuerzo, hasta la fila 8 del Sector G de la Platea Alcorta, buscando el asiento 49.
Como hace 60 años, esperando un zapatazo de Peloso, un caño de Coco Rossi, una corrida de Miguelito o una pincelada lujosa del Flaco Pastore.

Noventa años, la misma pasión.

 


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