Merecido Homenaje a 25 años de Los Redondos en el Ducó

En noviembre de 1993, después de casi un año sin tocar en público, Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota se presentó en el Palacio Tomás Adolfo Ducó para estrenar oficialmente el disco doble “Lobo suelto Cordero atado”.
Aquella fecha fue única e irrepetible en la historia del rock nacional y Huracán fue un protagonista ineludible.

Tras el derrotero de shows que incluyeron fechas en el Club Atenas de La Plata, múltiples recitales en Obras -incluida aquella trágica noche de abril de 1991 donde la policía asesinaría a Walter Bulacio-, el Micro estadio de Racing, el Polideportivo de Lanús y el estadio cubierto de Newells, había una realidad: el crecimiento en la convocatoria de la banda ya era exponencial e inmanejable para instalaciones de mediana superficie.

19 y 20 de noviembre de 1993 fueron las fechas escogidas por el Indio, Skay, y la negra Poly para que Los Redondos tuvieran su bautismo de fuego con la multitud: 80.000 personas presenciaron la misa ricotera. Desde ese día Patricio Rey se volvió indestructible, en nuestra casa, con la torre de la Miravé como testigo.

“Quiero verte huir como un ladrón…” Rock para el Negro Atila fue el puntapié inicial de aquellas 24 canciones. Parque Patricios era el mejor rincón del planeta para albergar a su tocayo Patricio Rey para que esa noche se convirtiera en fundamental, única y mágica.

Huracán desde su nacimiento tiene una íntima relación con lo popular. Huracán es pueblo, es tango y rock; y es el rincón más olvidado de la ciudad. Huracán sufre las reglas establecidas por los poderosos, por La AFA, la Conmebol, la FIFA. Algo de esto hay en la independencia de la banda más convocante de la historia de nuestra música, que lejos de los contratos millonarios y los vínculos con los medios masivos se forjó en el pueblo -su pueblo-, que como el pueblo quemero al Globo, lo sigue a todas partes.

El romance de Patricio Rey con el Ducó se repitió un año más tarde pero la historia y el mito que hoy conocemos no hubiera sido posible sin aquellas noches de 1993 que dejaron sonando para siempre el eco ricotero con los últimos acordes y el aullido final, en el bis de Mi perro dinamita que todavía perdura en Amancio Alcorta y Luna.

Se cumplieron 25 años de aquella noche y la Comisión Directiva decidió que en la próxima fecha, el Globo luzca en su camiseta un parche conmemorativo. Más allá de los gustos musicales y los acuerdos o desacuerdos con la medida, el club rinde un merecido homenaje a un fenómeno socio cultural único en Argentina que, de la misma manera que Huracán, es parte de la vida de muchos de nosotros.

¡Esto es to-to-todo amigos!

 

 

 


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