La opinión del hincha. Chau Pato.

Tardé bastante, ya se.  Mis compañeros de Patria me miraban y sin decirme nada, era como que: “Y, para cuando?”

Yo se muy bien que Huracán necesitaba un recambio.  No soy necio.

El futbol de hoy, superprofesional, no da ni respiro ni margen de error, nos devora y nos amontona en un rincón, como el viento a las hojas de los arboles. El resultado final es el que pone los adjetivos: bueno, malo, horrible, genio.  Y el resultado es el que marca nuestro estado de ánimo, si ganamos somos los dueños del mundo y si perdemos somos los linyeras.

Tardé mucho, ya se, en escribir estas líneas.  Es que no sabía cómo me sentía, no era bronca, tampoco desilusión ni frustración.  Hasta que mi compañera de Patria, Araceli, me lo dijo: “herido”.

Una vez en la Quemita le sacaron una foto a mi hijo (un purrete en ese momento) con el Pato Toranzo.  Vi la cara del pibe, con esos ojos de incredulidad, alegría, felicidad, que sentí que el Pato, con solo pararse un instante para sacarse una foto, lo hizo locamente feliz.

Una vez vi en la cancha un reportaje que le hicieron al finalizar el partido luego de su vuelta del accidente.  Obviamente no podía escucharlo, pero lo estaba escuchando, créanme.  Y cuando al fin lo pude ver, lloré.

Una vez lo vi volver desde China.  Estábamos en la B. Nadie nos quería. Y el Pato vino al barrio, se tatuó un Globo en el cuerpo y se puso la blanca y roja.  Y nos puso ahí arriba.

También vi su cara un día contra San Lorenzo cuando el referí deseaba que ellos ganaran y apenas ingresó, lo expulsó, sin haber hecho nada. Era uno de nosotros.

Nos dio goles hermosos.  Nos regaló momentos únicos, inolvidables. Nos hizo felices. A veces jugaba mal y lo mandaban al banco.  Y cuando lo llamaban para entrar en el segundo tiempo, los ojos se le movían, de la ansiedad.  A todos, bah.

Estoy herido, siento que a parte de mi vida futbolera  me la sacaron empujándome y tirándome al piso, y cuando me levanté, ya no estaba más.  Siento que me miran y me dicen “hay que ganar, basta de…” y que se yo.

Yo sigo apostando a la pasión.  A la pasión que nos dio el Pato. Podía salir bien, como podía salir mal. Pero nos corría sangre por las venas, vivíamos a mil.

Gracias Patricio Toranzo por todo lo que le diste a Huracán. Gracias por la felicidad que me diste en aquel gol a los Cuervos en el Duco, cuando amagaste a tirar el centro y se la metiste al ángulo.  Y perdón, porque los hinchas jamás imaginamos que te iban a amontonar como el viento a las hojas de los árboles.  Y te despido con lo que dijiste alguna vez:

“Hay cosas que viví, hay cosas que conté, otras que no, y me las voy a guardar y me las voy a llevar al cajón, seguramente con la bandera de Huracán.”

 

Abrazo Quemero!

Carlos Biondi.

 


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