Un 2019 sin rumbo

“Huracán parecía un auto que iba de banquina en banquina. Pasaba de jugar copas internacionales a pelear el descenso en el mismo camino”, dijo una vez Gustavo Alfaro, luego de estar al mando del equipo durante un poco más de un año. Antes de su arribo, también en el transcurso de un año, el plantel había tenido tres entrenadores diferentes: Eduardo Domínguez,  Ricardo Caruso Lombardi y Juan Manuel Azconzábal. El hoy entrenador de Boca Juniors logró la estabilidad necesaria y condujo a Huracán sobre una ruta firme y segura, haciéndole olvidar al hincha, por lo menos por unos meses, la insoportable tabla de los promedios. Luego, ocurrió lo que ya todo el fútbol argentino sabe, pero, a pesar de la desazón y la decepción por su salida, ni el más pesimista de los quemeros pensaba un presente tan desastroso.

Comenzó el 2019 y, así también, “la era de la lealtad”, según Alejandro Nadur. Regresaba Antonio Mohamed al club de sus amores. “No pensaba en volver a dirigir a Huracán porque mi último paso fue muy doloroso. Perder acá me duele el triple. Esa era mi única duda”, fueron algunas de las palabras del “Turco” en su presentación. Boca prefirió a Alfaro y Mohamed, quien quería dirigir al club xeneize, se terminó inclinando por volver al Globo, casi que por descarte. También tuvo influencia el gran presente futbolístico de Huracán en aquellos tiempos, cuando el equipo se encontraba en la 4ta posición de la Superliga, con un equipo afianzado y un colchón de puntos inmejorable. “Tenía la obligación moral de decir que sí, porque es un momento donde el club necesitaba que dijera que sí”, afirmó el ex entrenador de Huracán.

A pesar del contexto, todo fue de mal en peor. El plantel tenía una idea de juego asimilada, trabajada y bien aceitada. Mohamed quiso darle su impronta, naturalmente, pero retocó demasiado y salió de terror. Quizás, las características de los jugadores no eran las ideales para su idea de juego, pero, también lógicamente, él debería haberse adaptado a sus dirigidos, y no ellos a él. Lo cierto es que el Turco dirigió 18 partidos, en los que obtuvo solo un 22% de efectividad de los puntos en juego (12 de 54), incluyendo las eliminaciones en la Fase de Grupos de Libertadores (en un grupo accesible) y en la Copa de la Superliga, ante San Lorenzo (el quiebre final). Decimos el “quiebre final”, porque hace varios partidos que se notaba el desgaste de todas las partes, ya cuando el equipo había sufrido seis derrotas consecutivas. Incluso Nadur podría haber aceptado la renuncia que puso a disposición Mohamed, pero el orgullo del Presidente, luego de que Alfaro lo haya defraudado y de que “la era de la lealtad” no haya funcionado, lo encegueció.

Por último, hace poco tiempo, llegó “la era de la verdad”, aunque no para quedarse. Juan Pablo Vojvoda fue el elegido por Nadur para dar vuelta la situación. Lamentablemente, el entrenador nunca pudo repetir un 11 en los pocos meses que tuvo de trabajo. Su ciclo fue corto, sumando solo 6 puntos sobre 21 (28%), dirigiendo un plantel que sufrió un gran recambio en el mercado de pases, pésimo por cierto. Le tocó dirigir en un club que necesita sumar de a 3, ya sea para la tabla de la Superliga, o la de los promedios, para calmar la ansiedad del hincha, y sin dudas, para remediar la serie de constantes pésimas decisiones que tomó el Presidente. Decisiones que volvieron a generar que “Huracán vaya de banquina en banquina”.

 


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