Volvimos a casa, Y ganó el Globo!

No era un partido más, ni una tarde más, ni era un día más.  Era todo extremadamente especial, donde se encontraron sensaciones que se habían perdido quizás en un cajón, o en algún ropero de la casa o también, porque no, en algún corazón que ya no latía como lo volvió a hacer esta tarde.  Y vuelvo a los orígenes de la opinión del hincha, cuando mi función era, hace muchos años, describir lo que pasaba en la tribuna.

Parque Patricios se convulsionó. Tomaron vida cosas, lugares, olores, sabores y sensaciones. Y créanme, no es una frase hecha, es lo que realmente ocurrió en la mágica tarde del sábado.

Vi gente abrazarse por minutos enteros, vi gente llorar al ver a su amigo, vi gente mirando el cielo, vi gente llorando sola.  Vi caras de gurrumines nuevos, vi a padres, hijos y abuelos juntos.  Vi gente poniendo la cara hacia arriba mientras llovía, vi a jóvenes besando las banderas largas de la hinchada.  Vi banderas viejas, que mostraban su encierro, vi banderas nuevas que se lucían orgullosas.  Vi mucha, mucha emoción.

Y me vi.  Desde la platea Alcorta donde cumplo funciones en prensa, me vi mirando la tribuna, me vi que no podía hacer lo que debía hacer, me vi desbordado.  Me vi en el entretiempo salir corriendo y rogar que me dejaran pasar a la Bonavena.  Me sentí corriendo, esquivando gente y banderas y todavía me veo subiendo todos los escalones para llegar allá, a ´´arriba a la izquierda´´ y verlos a mis hermanos. Y abrazarlos.  Y ver al hijo de Marito Ianonne, quien nos dejó en medio de la pandemia.  Y lloré.  Llore mucho.  Y fui feliz.  Muy, muy feliz.

Y Huracán tenía que ganar, no cabía otra.  Debía hacerlo, era un mandamiento.  Y ganó.   El equipo recibió el cariño y el aliento de unos miles de personas que agradecían todo, desde estar donde estaban y gozar de ver al Globo ganando.

La tarde del sábado 2 de octubre de 2021 va a quedar en mi memoria, nunca la voy a olvidar.

Mis disculpas, no puedo hablar de fútbol.  La situación me desbordó, no pudiendo encontrar otra frase para describir lo que me pasaba, aun sabiendo que puse casi lo mismo un cachito más arriba. Y solo sé que Vera la llevó por izquierda y tiró el centro y el Yorugua Cóccaro la mandó a guardar para poner, todo lo que se estaba viviendo, en un éxtasis total.  Y vi al juez, Patricio Loustau, mirar hacia otro lado para no amonestar al goleador cuando se subió al alambrado para gritar el gol con los Quemeros.  El juez entendió todo.

Gracias al Globo y a su gente por el momento vivido.

 

Abrazo Quemero!!

Carlos Biondi.

 

 


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