La síntesis: Platense 4 – 2 Huracán

Lunes 21:30 h: la cita en Vicente López frente al recientemente ascendido Platense. Huracán necesitaba ganar por la posibilidad de una clasificación a la Copa Sudamericana, y allí fue, con todas sus expectativas luego de ganarle sobre la hora a Patronato. En frente, el equipo que hace tan solo unos días supo remontar, de la mano de Tissera, un 3-1 ante Racing. Kudelka volvió a realizar cambios en el 11 inicial: Afuera Lozano, Henriquez y Coccaro; adentro Quilez, Candia y Triverio.

Desde el inicio del encuentro, Huracán lo buscó. Salió enfocado y tuvo varias ocasiones de gol que impactaron en los palos o se fueron cerca del arco. Hasta que a los 15′ del primer tiempo, Echenique cobró penal por una mano de Quilez en el área. ¿Fue penal? La pelota primero le toca en la cabeza e involuntariamente luego choca con el brazo. Hace tiempo que esos penales ya no se cobran. Tissera convirtió la falta en gol, más allá de que Marcos adivinó el lado del tiro. 1-0. Lo que siguió fue un intenso ataque de Huracán, mantenido a lo largo de los minutos. Las pelotas llegaban al fondo, pero los tiros se realizaban desde afuera del área. Cristaldo, Ibañez y Cabral fueron algunos de los tiradores. Hasta que a los 29′, Rodrigo Cabral repitió un tiro que antes habia pegado en la cara interna del palo, pero esta vez fue un golazo. Imposible para De Olivera. La jugada habia iniciado con Galvan saliendo del fondo, la pelota recorrió todo el carril derecho, hasta que Acevedo se la dejó a Cabral y fue a esperar el centro que no llegó. Golazo y 1-1 en Vicente López. Sobre el final de la primera parte, de un corner a favor a los 44′, Platense logró volver a ponerse en ventaja. Galván se pasa, Quilez pierde la marca y Tissera queda solo frente a Marcos para convertir el segundo. 2-1 y al vestuario con un resultado que no reflejaba para nada lo hecho en cancha.

Recién iniciado el complemento y luego de un error en la salida de Marcos Díaz, Schott y Curuchet se unen para en dos pases meterse en el área y dejar parados a Ibáñez, Acevedo y Hezze. Schott asiste a Tissera ante la mirada atónita de Galvan y el 7, acompañado por Moya, hace el hat trick de la noche. 3-1. Minutos más tarde Kudelka recuerda que en los partidos se pueden realizar cambios. Ingresa Coccaro por Candia, y Silva por Acevedo. El del bigote casi mete la primera que le queda, pero la bola choca contra la cara interna del palo. En esta jugada Iribarren toca involuntariamente la pelota con la mano. Cuesta entender el criterio de Echenique para cobrar la de Quilez y no ésta. Ante un Huracán muy distinto al de la primera etapa, Mansilla sentencia la historia a los 84′. Luego de recibir la pelota casi solo en el área, ante una defensa inexistente, define de derecha al segundo palo y se queda con el 4-1. A los 89′, Moya de cabeza achica la diferencia. Y es final: 4-2 para el equipo de Spontón.

¿Se puede analizar este partido de una sola manera y en una sola dirección? No lo veo posible. Los primeros 45′ fueron los mejores de Huracán en mucho tiempo. Tuvo el completo dominio del juego, encaró, tomó buenas decisiones, cortó en el medio, recuperó. Todos, excepto los defensores, estaban en un muy buen momento. El segundo gol de Platense sentenció la historia. A mi criterio, el primero fue fuerte por lo mal cobrado, pero el segundo mostró la eficacia del Calamar. No habian tenido, hasta el momento, muchas más llegadas que las convertidas en gol. Por el lado de Huracán, se destacaban la poca puntería y los rebotes en los palos y en los defensores de Platense. Todo comenzó a fallar en el complemento: los cambios tardes, la defensa dormida, el mediocampo inconexo, hasta la pelota dejó de llegar al ataque con tanta claridad. El tempranero tercer gol de Platense dejó al descubierto lo pésima que es la defensa sin Merolla.

Lo bueno: Golazo de Cabral. Algunos lujos en un buen partido de Cristaldo. Faltó eficacia, pero el primer tiempo fue de lo mejor en mucho tiempo.

Lo malo: El ciclo de Kudelka debe terminar en diciembre. Huracán no puede seguir regalando puntos porque desde el banco de suplentes no se comprenden las falencias, ni se cambia el esquema ni se trabaja en pos de solucionar los errores. Y esto último pasa porque son contadas las veces en las que se hizo mea culpa. Los problemas sostenidos en el tiempo no solo se acrecientan sino que rompen todo lo que funcionaba bien.

 


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